
La Oroya y Cerro de Pasco: De la incidencia al documental
Por: Soc. Raúl Chacón Pagán Abril 18, 2010
En los últimos años, ha surgido en el país una nueva forma de registrar los impactos de la actividad minera y metalúrgica, a través del documental, a fin de contribuir a campañas de incidencia y comunicación sobre casos emblemáticos por su antigüedad (La Oroya, Cerro de Pasco) o de evidente injusticia ambiental (Choropampa). Sin olvidar el registro de un proceso de movilización ciudadana en la etapa inicial de un proyecto minero (Tambogrande), o el espionaje sistemático que sufrió un activista ambiental como Marco Arana (la Operación Diablo).
El documental La Oroya: Aire Metálico se realizó durante el segundo semestre del año 2007, en el marco del Proyecto de incidencia nacional e internacional por la salud de La Oroya. Proyecto ejecutado inicialmente, entre enero y junio del 2007, por la Red Uniendo Manos Perú, en convenio con la Asociación Civil Labor, con el financiamiento de Oxfam América. Este proyecto era parte de una serie de distintos proyectos (ambientales, de incidencia y salud) implementados por varias ONG nacionales y el Arzobispado de Huancayo para defender el derecho a la salud de la población de La Oroya desde fines de los años 90. Un derecho usualmente relegado frente al derecho al trabajo de la población oroína y los intereses económicos cortoplacistas de la empresa operaria del complejo metalúrgico local.
Específicamente, el documental de La Oroya pretendía actualizar la problemática socioambiental de dicha ciudad hasta la fecha, a fin de mostrarla en la coyuntura del décimo aniversario de la llegada de la Doe Run Perú, empresa subsidiaria de la Doe Run Company de los EE.UU., en octubre del 2007. Asimismo, se quería aportar un contrapeso a la serie de mensajes totalmente triunfalistas que se esperaba lanzara la empresa durante su aniversario, como ocurrió finalmente. Lamentablemente, el producto audiovisual no pudo ser terminado a tiempo para esa fecha, pero en su lugar desde el proyecto de incidencia se promovieron varias actividades de balance sobre los 10 años de presencia de la DRP en La Oroya. Actividades como una conferencia de prensa en el Congreso de la República y dos foros de análisis en Huancayo, en la Universidad Continental y el Colegio de Abogados de Junín, con la presencia de profesionales de ONGs y funcionarios públicos. Estos eventos buscaban dar al público una información más objetiva que la proporcionada por la empresa sobre su gestión ambiental y social, pero también sirvieron para medir cómo a la empresa le preocupaba en gran medida su realización. Lo cual se manifestó al haberse hecho presente, directa o indirectamente (a través de emisarios oficiales y no oficiales), en los tres eventos, siempre con el ánimo de reclamar por haber sido excluidos como expositores o para boicotear los mensajes críticos a la empresa a través de sus simpatizantes.
Cuando el documental de La Oroya fue finalmente estrenado en la casona de San Marcos, en diciembre del 2007, la DRP volvió a hacerse presente a través de un enviado encubierto (aunque su cercanía a la empresa era bien conocida en la ciudad metalúrgica), con el objetivo de filmar sin autorización el producto. Esto generó un escándalo que interrumpió por un rato la función y trascendió, deformado, a algunos medios de comunicación de La Oroya y de nivel nacional (una radio oroína, el diario La República y una revista minera). Algo que evidenció la importancia que la empresa le da a la imagen que proyecta en los medios, así como su capacidad de influir en estos para lograr sus objetivos. En consecuencia, la empresa consiguió ser presentada sutilmente en varios medios como víctima indirecta de las supuestas malas intenciones del monseñor Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, y la ONG productora del documental, que habían osado criticarla pese a sus proclamados 10 años de titánica y esforzada gestión corporativa a favor del ambiente, La Oroya y el país. Y como La República fue el único medio que relató la verdad de los hechos, el emisario de la DRP llegó a presentar en su contra una demanda de rectificación ante el Consejo de la Prensa Peruana.
No obstante, se puede decir que esta historia tuvo un final feliz en el circuito de los festivales de cine. La Oroya: Aire metálico ganó tres premios en el Festival Nacional de Cortos-FENACO 2007, incluyendo el premio a la mejor obra cinematográfica otorgado por el CONACINE (Consejo Nacional de Cine del Perú. El documental ha sido igualmente galardonado en el Festival de Cine Pobre de México, y fue preseleccionado en el Festival de Biarritz, Francia.
La experiencia adquirida durante la realización del documental de La Oroya, llevó a su equipo responsable, bajo la asesoría de la Asociación Guarango, a fundar al año siguiente (2008) la asociación civil Acullicu Films, a fin de producir más obras semejantes y ejecutar otras actividades afines de manera independiente. El primer proyecto de la asociación fue un largometraje sobre el impacto socioambiental de la minería en Cerro de Pasco y su entorno. Proyecto que consiguió el apoyo de varias instituciones nacionales, empezando por Labor Centro de Cultura Popular, de Pasco, y una internacional (11.11.11), gracias a lo cual se pudo producir este largometraje, hoy casi culminado. A fin de probar suerte en algunos concursos nacionales, las dos primeras partes del largo se independizaron bajo la forma de cortos de 20 minutos cada uno, ganando los premios de Derechos Humanos y Medio ambiente en el Festival Nacional de Cortos-FENACO 2009. Desde entonces, ambos documentales están siendo exhibidos en universidades, al igual que el primero, permitiendo que estudiantes y público en general conozcan de manera didáctica la realidad de dos zonas afectadas por décadas por la minería y la metalurgia. Zonas en las cuales el Estado sigue sin estar a la altura de las circunstancias en cuanto a remediación ambiental y atención en salud a los afectados por la contaminación.